MI NOMBRE

Me llamas silbando
tal cual fuera un perrito,
yo tengo mi nombre
y también buen oído.
Cuando paseamos
y de ti me desvío,
no suena mi nombre
tampoco mi apellido,
a veces escucho
un ligero silbido.
Yo me hago la loca
y por dentro suspiro,
otra vez mi nombre
en ti fue suspendido,
no lo nombras nunca,
¿quizá esté en el olvido?
¿o quizá es más fácil
sacar ese sonido?
No lo tengo en cuenta
esta más que sabido
que mucha confianza
bien merece un silbido.