EL HOTEL

El otro día te contaba cómo entramos nosotros a formar el primer Ayuntamiento de la democracia y los proyectos e ilusiones que teníamos.
Si, y me prometiste contarme la historia del hotel, ¿también fue idea vuestra su construcción?
Nosotros nos lo encontramos recién terminado, sin muebles y sin inaugurar.
Estudiamos el asunto y llegamos a la conclusión de que el Ayuntamiento siempre iba a tener pérdidas con ese negocio, así que pensamos venderlo.
¿Y en donde invertir los fondos obtenidos?
Verás, entonces era cuando, para evitar la emigración, se construían en los pueblos de Aragón muchas naves para granjas de cerdos, de conejos, de pollos, etc. ¡que no todo iban a ser ovejas! Cada uno lo que le gustara,
¿no?
Como te digo, pensamos vender el hotel y con el dinero que sacáramos, que sería entre quince y veinte millones de pesetas, construiríamos un polígono de unas diez naves; una de quinientos metros cuadrados costaba entonces alrededor de un millón de pesetas.
Con el resto del dinero edificaríamos viviendas para la gente joven del pueblo con lo cual se evitaría la emigración de al menos diez familias.
El pueblo hubiera crecido pues se hubieran construido veinte edificios con el consiguiente trabajo para los albañiles y además el hotel estaría en el mismo sitio. ¿Que hubiera sido de propiedad privada? Muy bien ¿Y qué?
Nadie se lo hubiera llevado del sitio donde está; ahora seguiría estando aquí igual.
Además que el Ayuntamiento no está para hacer negocios si no para facilitar el medio de vida y el bien común de los vecinos.
Ya devolverían con su trabajo los fondos que el Municipio les prestaba para la casa y la nave y, creo sinceramente que el joven que se decidiera a dar ese paso no se hubiera ido nunca de aquí, ¿entiendes?, por que diría: si ya tengo mi futuro en mi pueblo, que es lo que más me gusta, un medio de vida sin que nadie me mande, ¿como me voy a ir a otro sitio?
Con esa idea convocamos a todos los vecinos a una reunión en las escuelas.
Esta es nuestra idea señores: queremos vender el hotel, los que estén de acuerdo que levanten la mano. ¡Sólo la levantó uno!
Nadie quiso vender el hotel y la gente continuó emigrando....

José Juan Herranz Martínez 27-01-2009